Cine en palabras

 

 

 

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Mirar películas es un tipo de entretenimiento al alcance de la gran mayoría que toma la forma del gusto personal del que mira. Pero apreciar el cine como una manera de transmitir, de emocionar, apreciar sus características más sutiles en imágenes, en decisiones del director, en interpretaciones de actores y actrices, en fin, apreciar el cine como arte, es para algunos. Y si es asi, aun poder ponerlo en palabras para poder contagiar a otros de una manera de ver en este arte, es admirable.

Lo que el Cine se Llevó del periodista y profesor Lincoln Maiztegui Casas recopila sus notas sobre cine en diferentes publicaciones a lo largo de los años en que llevó a cabo esa tarea. Maiztegui fue un referente cultural del Uruguay: periodista, escritor, profesor, cinéfilo y ajedrecista, transmite en este libro que él mismo recopila, una gran pasión no disimulada y explícita, por el cine clásico.

Leí el libro con un interés sostenido gracias al contagioso entusiasmo con la que el escritor detalla escenas, historias y personajes. Casi un romántico de la gran pantalla, en parte explicado por el momento en que transcurre su adolescencia y entra a la adultez, un tiempo sin computadoras, internet o celulares. Un tiempo en que el cine ejercía magia en código de imágenes, palabras y música adecuada, cosas que son difíciles de entender en el marco cultural de entretenimiento actual donde hay mucha variedad y ruido y escasea el buen gusto.

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“John Ford dominaba un código expresivo particular cuyo secreto se llevó a la tumba. Han habido, por supuesto, y los hay, otros grandes artífices de la imagen cinematográfica; pero ninguno ha logrado extraer tanta poesía de situaciones y circunstancias cotidianas y aparentemente banales, sin echar mano de artificios evidentes, como este irlandés agrio y solitario (…) Solo él ha sido capaz de encerrar toda una compleja tragedia social y familiar en una mirada del joven Roddy Mc Dowell en “ Qué verde era mi valle” (…) Nadie ha tenido la capacidad de encerrar toda la belleza del mundo en una brevísima toma de Maureen O’Hara rodeada de ovejas en “El hombre tranquilo,” sin que pueda explicarse por qué misteriosa razón aquella toma tiene semejante potencia estética.”

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Este libro es una lección culta de cine clásico y del otro, que vale la pena tomar por su contenido en información y percepciones y por su manera vehemente de narrar historias que han quedado inmortalizadas pero relegadas a la injusta categoría de viejas.

Buena lectura y mejores conexiones!

 

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